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Desterrar absolutamente de tu ánimo, por
mas motivos que existan, toda idea
de pesimismo, rencor, odio, tedio,
tristeza, venganza y pobreza.
Huir como de la peste de toda
ocasión de tratar a personas maldicientes,
viciosas, ruines, murmuradoras,
indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e
inferiores por natural bajeza de
entendimiento o por tópicos sensualistas que
forman la base de sus discursos u
ocupaciones. La observancia de esta regla es
de importancia decisiva: se trata de
cambiar la espiritual contextura de tu
alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de
nuestros actos y pensamientos. El azar
no existe.
Paracelso |

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